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México, el país donde dos rayos caen en el mismo sitio

#CRÓNICA
Por: 
Vicente Jáuregui
Foto: Vicente Jáuregui Sep 25, 2017

Hace 8 días, caminaba por la Colonia Roma en busca de un peluquero. Indeciso desde 1978, regresé a casa con el pelo intacto. Por la tarde, Instagram me recordó la existencia de Goodbye Folk, una tienda de ropa donde además, cortan el cabello.

–"Mañana voy temprano", pensé.

Afortunadamente, madrugar nunca fue lo mío.

Esa mañana, escuelas y dependencias gubernamentales efectuaron un simulacro de evacuación sísmica como recordatorio del terremoto que sacudió a Mexico el 19 de septiembre de 1985

Mientras aún dormía, la terrorífica alerta sísmica anticipaba un terremoto inverosímil. 

"Si las probabilidades de que un rayo caiga en el mismo punto son escazas, dos terremotos el mismo día es imposible", pensé mientras leía sobre el aniversario.  

Una hora después, la realidad contradecia las estadísticas: México se convertía en un país "excepcional". 

A exactamente 32 años y 5 horas del terremoto más letal en la historia de México, un sismo de 7.1 grados en la escala de Richter sacudía varios estados del centro del país.

Dos minutos después, a las 13:16 p.m., cientos de rostros creaban la fisonomía de la confusión en la esquina de Mérida y Colima. De repente, la habitual indiferencia era suplida por la empatía. Ese mañana, la tragedia reflejaba su aptitud solidaria : de repente, el vecino que traté de saludar durante 4 años, me tendió la mano como si fuéramos amigos.

–"Se cayeron varios edificios", comentó. Entre las imágenes de edificios colapsados que me muestra desde su celular, hay una que me deja helado:

La fachada de Goodbye Folk –donde me cortaría el cabello esa mañana–, se encuentra totalmente destruída.

Cinco minutos despué encuentro a los empleados de la tienda sentados en la banqueta, con la mirada perdida en el pavimento. Aturdido, una paradoja  desbordaba mi cabeza: procrastinar me salvó la vida.

 

En 1985, los mexicanos tuvimos que esperar que Jacobo Zabludovsky bajara de su casa en Las Lomas, para embobarnos con la transmisión de aquel siniestro.

32 años después, las redes sociales hacía posible una movilización casi inmediata. Ante la ineptitud y/o indeferencia de las autoridades, bastaron minutos para que las calles se transformaran en un hervidero de voluntad. A las 2:14, una hora después del sismo, la esquina de Laredo y Ámsterdam, ya mostraba un superávit de brigadistas. A unas cuadras, sobre Álvaro Obregón, los militares y los contingentes de la Marina bordeaban un edificio colapsado frente al Club Imperial. En pocas horas ya sobraban manos para remover los escombros. En ese momento, el sentido común sugería evitar el turismo de la tragedia.

Preparados con cascos, botas, palas y guantes de carnaza, "Los Topos" mostraban un rostro decidido. Desde su formación en 1985, esta Asociación Civil, ha construido una reputación internacional salvando vidas. En sus pasaportes, los sellos revelan destinos tan dispares como Armenia, Turquía, Japón o Taiwán. A 384 meses de su primera experiencia, su eslogan permanece vigente: "Nadie es mejor que todos juntos"

Con una capacidad de respuesta automática, la sociedad civil se debatía entre el caos y la solidaridad. Seis días más tarde, el ánimo no decaía entre la gente. No importaron la lluvia, el hambre o la falta de sueño: la esperanza es irrevocable para quienes han demostrado su coraje al rescatar una vida, sea la de un ser humano o una mascota.

Durante esos 6 días, las clases sociales y los estereotipos se suspendieron. "Que no pare nunca la ayuda, no volvamos a la normalidad" se leía constantemente en las redes sociales. La reflexión no es gratuita. El terremoto abre grietas en las paredes y preguntas entre la sociedad civil.

Mientras tanto, los chacales ya están esperando su tajada. Los especuladores inmobiliarios y los políticos no están de vacaciones: andan al acecho, tramando una nueva manera de hacer negocio con NUESTRA tragedia. Con tal de recuperar su credibilidad, los partidos decidieron donar un porcentaje de NUESTRO dinero. El PRI, nos quiere dar gato por liebre, dinero del gasto camuflado por dinero de campaña. Buscan mantener NUESTRO dinero intacto para inundar de basura electoral las ciudades del país en 2018.

La esperanza es una forma de la memoria. Arraigados en la cotidianidad, es complicado diagnosticar los criterios electorales de quienes asistamos a votar el año que entra. Queda esta reflexión como un intento para no olvidar cómo -cuando ¿más los necesitamos?-, los políticos no sólo desaparecieron: desde su inaudito fuero político, entorpecen y roban los víveres donados por civiles para etiquetarlos como suyos.

"Porque somos más, jalamos más parejo" decía Molotov en una canción editada en 1997. A 32 años del terremoto más siniestro del país, olvidamos que unidos, nadie puede vencernos. Si en 1985, la respuesta de la gente inspiró a Carlos Monsiváis para acuñar la frase "sociedad civil", nos corresponde a las nuevas generaciones impregnarle un sentido renovado.

"Gobierno, te metiste con la generación equivocada" se leía en alguna esquina de la ciudad. Si hace unos meses, la supuesta apatía de los millennials era tema de debate, a partir del 19 de septiembre de 2017, quedó claro que su pericia en las redes y su aptitud para ayudar es incondicional.

Hoy, sabemos que el cambio reside en nosotros y nuestra capacidad de organizarnos. Si al gobierno le urge descombrar las calles, la sociedad civil confronta con la esperanza de encontrar seres con vida.

¿Qué pasaría si terminando el colapso, "descombramos Los Pinos, el Palacio de Gobierno y la Cámara de Diputados y de Senadores?", puede leerse en algunos memes.

Dicen que la sociedad tiene a los gobernantes que merece. El día de hoy, sabemos que están muy por debajo de nosotros. Encontremos la fuerza para mantenernos a la altura para elegir representantes dignos. 

Para este propósito, procrastinar no podrá salvarnos la vida.

En 1985, Soda Stereo estrenó "El temblor", un tema que representaba la tragedia recién librada. En Fuerza Natural, Gustavo Cerati canta: 

"Todo es mentira, ya verás, la poesía es, la única verdad..."

Ante tanta desinformación, desconfiamos y suspendemos la veracidad que nos venden como "verdades". Quedémonos con el poema que Juan Villoro escribió a propósito del sismo que azotó el centro del país el 19 de septiembre de 2017.

Por: Vicente Jáuregui
Ciudad de México
25 de septiembre, 2017

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