Selección de trece fatídicas despedidas en el día de San Valentín...
LBE
Me quiere, no me quiere, me quiere, ¡no me quiere! Se acaban los pétalos de la flor y la realidad es triste, nebulosa, hasta ponerse oscura.
La sonrisa se esfuma, la vida se ve en blanco y negro, y el fracaso nomás no se acepta. ¿Una ranchera de Chavela Vargas? ¿Un bolero de Agustín Lara? ¿Una balada de José José?
Mejor, esta selección de trece fatídicas despedidas para acompañar la pérdida.
Los seleccionados, no son propiamente músicos de rock, pero su actitud y su propuesta artística, han inspirado a generaciones, tanto en sus países de origen como fuera de ellos.
En ese sentido han influido muchos sonidos que están inscritos en territorios musicales como el rock, el hip hop y la música electrónica.
Reconozcámoslos y rindámosles un merecido tributo.
Los que vienen a continuación, en esta primera lista celebrando los 20 años de LBE, no son propiamente músicos de rock —con la notable excepción de Santana—, pero su actitud, así como su propuesta artística, han inspirado a generaciones, tanto en sus países de origen como fuera de ellos.
En ese sentido han influido muchos sonidos que están inscritos en territorios musicales como el rock, el hip hop y la música electrónica.
Reconozcámoslos y rindámosles un merecido tributo.
Las calles y su gente. Un entorno que a veces se contempla con felicidad y otras con desánimo absoluto. No hay más, no siempre florece la belleza.
La injusticia, los malos gobiernos, la violencia y hasta la muerte son desgracias de todos los días. Eso y más se registra en la lente del rapero, una visión real que después es narrada con frases rimadas.
Aquí, nuestro top ten de álbumes inscritos en el efervescente casillero del hip hop latino.
Rock latino desde Argentina, Chile, Colombia, México, Puerto Rico, República Dominicana, España...
Rubén Rodríguez Maciel
Hombres, mujeres, bandas, duetos, solistas… Nacidos en Argentina, Chile, Colombia, México, Puerto Rico, República Dominicana, España…
Todos practicantes de la religión llamada rock e infinidad de géneros y vertientes hermanos.
A continuación, nuestra selección de discos latinos, publicados en 2010, un verdadero collage de sonidos, pero eso sí, acomodados en estricto orden alfabético.
Por un lado, la nostalgia, los sueños, el amor y la soledad como temas centrales que canta Amador, el personaje encarnado por Adanowsky en esta segunda parte de una trilogía prometida.
Por el otro, el folk a su máxima expresión —guitarras acústicas al frente, pianos casuales y cuerdas sutiles—, el elemento sonoro que sirve de perfecto marco al tono reflexivo de la lírica.
El resultado: Un disco impecable en sus arreglos, altamente melódico y con la flecha bien dirigida a los espíritus desconsolados.
“No es reedición, es redención”, canta Ricardo Mollo en el disco que justamente marca la continuidad en el trayecto del power trío argentino, y no una simple vuelta al pasado.
Este, su octavo álbum de estudio, tras 22 años de camino, pareciera ser su debut por la energía y la frescura desbordadas en cada uno de los trece tracks.
Rock de verdad, “mantecoso”, como dice la canción del mismo nombre.
Rock hecho por gente que nació para hacerlo.
Canción: “Amapola del ’66” (Luna Park 2010: Dedicada a Gustavo Cerati).
Sin necesidad alguna de explorar por rutas desconocidas, el trío chileno confirma que le basta lo suyo —rockabilly, rock and roll y folclor andino— para hacer otro gran álbum, como lo es este.
Y es que luego de sólo desentumirse con Hágalo usted mismo (2006), el disco que marcó su regreso, ahora, Álvaro Henríquez y compañía demuestran una vez más que se encuentran en gran momento, tan aceitado y reluciente como en La espada & la pared (1995) y Fome (1997).
La rapera española apostó por la vanguardia, por otorgarle ese toque cosmopolita a su canto rimado, y vaya que lo consiguió.
Trabajó con Focus —productor de Eminem y Christina Aguilera—, quien supo agregarle la justa dosis de electropop elegante a la propuesta callejera y elemental de la Mala.
Sin duda, el disco que ella necesitaba para continuar con su liderazgo en el casillero latino del hip hop femenil.
Primero reconocida como escritora de cuentos y novelas, y ahora convertida en una especie de rockstar folclórica, Rita Indiana, la nacida en República Dominicana, entró con el pie derecho al universo de la música con la publicación de éste, su primer disco.
Musicalmente basado en la tradición caribeña del vallenato, el merengue, la cumbia y el bolero, Rita, en lo lírico, le escribe y le canta a la calle y a su gente.
El jazz avant garde siempre ha sido su principal alimento, pero esta vez, para la realización de este disco, el corazón del rock también ingresó como personaje relevante.
Pato Machete, Omar Rodríguez-López y Adrián Terrazas (estos últimos miembros de The Mars Volta), los invitados especiales para la ocasión, fueron partícipes del gran momento que vive el sexteto mexicano.
Una banda que no necesita de cantante, ni de lírica, para decirlo todo.
Rock furioso, merengue dominicano, folclor de los Balcanes, ecos de los Andes, reggae a la hawaiana, candente afrobeat, pulsante hip-hop, cumbia villera…
De todo eso y más se valió el dueto boricua para sonorizar su cuarto trabajo.
Visitante, el responsable musical de todo el asunto, no en balde dijo que ha sido el álbum más difícil de elaborar, el más producido.
Por su parte, Residente, el punzante rapper, escribe y pronuncia rimas cada vez más afiladas.
A diferencia de sus materiales anteriores, y sobre de todo de Picotero (2008), el dueto colombiano que integran Andrés Martínez y Camilo Sanabria esta vez apuntó directamente hacia la cumbia caliente y el cadencioso vallenato que resuenan en su tierra.
Sin timidez de por medio, el par muestra esa cara folclórica y ya no tan sofisticada, ni vanguardista como antes sucedía.
Un disco para encender la mecha de la fiesta. ¡A bailar!
Lejos. No tan lejos, es de esos discos que hay escuchar y escuchar, hasta encontrarle su sabor verdadero.
De entrada aparenta ser un álbum de mera transición e incluso monótono, pero después queda claro que reafirma y consolida el sonido de la banda mexicana.
La penetrante voz de LoBlondo es el sello inconfundible de esta propuesta, un rasgo de mucho peso que en este disco fue compensado con la buena labor de Bonnz!, Joe y Oro de Neta, el resto del equipo.
Nunca puede faltar el disco bonito de la lista, y aquí este, el segundo de la joven cantautora chilena, toda una romántica empedernida.
Tampoco es el habitual disco de pop que suena sin parar en la radio.
Efectivamente se escucha el pop bailable en gran parte del álbum, pero el buen gusto de Cristián Heyne, el productor en turno, le brinda un matiz particular, que para nada se acerca a lo convencional.
Mena es un canto personal al amor, es un disco sincero, de los que escasean en estos tiempos.
Letras simpáticas, melodías que se memorizan al instante y una sensación de felicidad infinita son los factores que le dan forma al cuarto disco de este dueto catalán, conformado por Mister Furia y Professor Manso.
Modular es un auténtico chapuzón para la propuesta electro-dance que antes planteaba el par, una oferta que ya sonaba un tanto acartonada.
Este álbum es toda una sacudida que devuelve a los Pinker Tones esa alma desenfadada, que tan bien les sienta.
Spinetta y las Bandas Eternas, se editó en tres compactos, tres DVD’s y un libro, que recogen el maratónico concierto de cinco horas que “El Flaco” protagonizó en 2009.
Al estadio de Vélez llegaron sus amigos: músicos de Almendra, Los Socios del Desierto, Pescado Rabioso y demás bandas integradas en el pasado por Spinetta, y también invitados entrañables como Charly García, Gustavo Cerati y Fito Páez.
En pocas palabras, esta colección representa, en gran parte, la vida y obra del genio argentino.
El cabalístico trece ahora nos sirve para enumerar las propuestas que han mantenido constante efervescencia de 2000 para acá.
Hay de todo. Desde figuras consagradas, hasta propuestas que en su despegue ya muestran aptitudes de grandeza.
Intensos riffs guitarrosos, electrónica dancefloor, cumbia cadenciosa, hip-hop de la urbe, tango reloaded, flamenco de cosecha reciente y hasta tribalismo africano.
De todo eso y más en este carrusel latino. El listado va en orden alfabético. Comencemos!
La música electrónica latina ha sabido tomar de lo propio para autodefinirse y es así como ha mostrado una evolución propia.
De Sidestepper y los ritmos colombianos, a Gotan Project y el tango, distintos músicos han ensayado un experimento basado en el precepto anterior.
El combo que encabezan el argentino Gustavo Santaolalla y los uruguayos Juan Campodónico y Luciano Supervielle han demostrado tanto oficio como imaginación en su híbrido sonoro, referente ya de la latinidad del siglo XXI.
En medio del escándalo de la ruptura interna del colectivo Nortec, Bostich y Fussible sacaron la casta para arrojar un par de discos que narran el desarrollo del engendro musical más interesante de la música mexicana del siglo XXI.
Tijuana Sound Machine profundiza en ello pero ya deja asomar el nuevo rumbo que sigue Bulevar 2000.
Esta es la música de la banda sonora del México fronterizo de un nuevo siglo, sin duda.
Pero a diferencia de otros cantautores latinoamericanos que no han sabido actualizarse, Calamaro ha mostrado un espíritu camaleónico para reinventar sus canciones y el sonido de las mismas, echando mano del tango, el flamenco o la ranchera.
Así, ha caminado a paso firme en el nuevo siglo, aún ante el hecho de que ninguno de sus discos más recientes ha alcanzado el nivel de aquellos clásicos de los noventa como Alta suciedad y Honestidad Brutal.
Cuatro caminos y Sino, los dos elepés de estudio hechos por Café Tacvba en el nuevo siglo podrían ser suficientes para que cualquier banda de rock made in Latinoamerica, figurara en esta lista.
Es decir, han sido tan contundentes, que uno ni siquiera tiene que recurrir a sus obras más celebradas, como Re.
Tacvba quiso ser otro grupo de rock y lo logró a pulso.
Demostraron que su sello inconfundible lo mismo podía dar vida a sus fusiones con lo mexicano que a un rock mucho más de corte clásico y vanguardista.
Sus rimas son dinamita pura, van cargadas del presente cotidiano que compartimos como latinos.
Residente las escribe y Visitante es el arquitecto de los sonidos, una construcción representativa del nuevo siglo donde conviven estilos folclóricos y música contemporánea.
Desde Puerto Rico, una de las propuestas más novedosas y populares del nuevo catálogo latino.
Su punzante mezcla de guitarras a full con electrónica básica ha conquistado públicos de todo el mundo.
Un logro que en gran parte se debe a su lírica bilingüe, que echa mano del portugués y el inglés.
El sexteto brasileño seguramente entregará más discos de los dos que ha publicado hasta el momento —Cansei de ser sexy (2006) y Donkey (2008)—, un dupla hecha para la fiesta.
El proyecto que comanda el español Pablo Díaz-Reixa es de los más sonados en su tierra.
La singular exploración que realiza, entre selvas de ritmos tropicales y edificaciones electro avantgard, cuajó como nunca en Pop negro (2010), el tercero de sus trabajos.
Un álbum que muchos críticos de su país han considerado como un parteagüas del alternativo.
Es la reina del hip hop en español, una credencial que prácticamente obtuvo desde el inicio mismo de su carrera, hace doce años.
Desde entonces, la española ha demostrado talento y valentía para abordar temas rudos.
A estas alturas, justo cuando ha lanzado el cuarto álbum —Dirty bailarina—, no queda más que aceptar su grandeza, su buen gusto como autora y hasta su belleza.
La banda española de rock del siglo XX parece seguir siendo la banda española del rock del siglo XXI (con un par de entusiastas competidores como El Columpio Asesino y Los Punsetes).
Para adjudicarse tal distinción, los de Granada fueron a su raíz más jonda, el flamenco y, con éste como referencia, hicieron dos discos tremendos: La leyenda del espacio y Una ópera egipcia, argumentos más que claros para incluirlos en esta lista.
Luego de batallar durante varios años para conseguir popularidad y reconocimiento, el quinteto mexicano ahora presume esos y más logros.
El rock pop que proponen está cargado de estribillos pegajosos con metáforas galácticas, una poesía que sobre todo se enganchó a los oídos de las jovencitas latinas.
Para muchos aún no entregan su obra clave, pero otros dicen que ya la mostraron en Memo rex commander y el corazón atómico de la vía láctea (2006), su tercer disco.
La primera década del siglo nos trajo 5 de los discos de rock latino más prendidos del planeta!
Rubén Rodríguez Maciel
Babasónicos: Jessico
Una joya que seduce y perturba. Sin duda, el disco latino de la década
Ningún otro disco del casillero latino me impulsó a escucharlo una y otra vez. Ninguno como Jessico (2002*), mi álbum favorito de Babasónicos. Les sigo la pista desde sus primeros años, desde aquel Trance Zomba (1994), su segundo material, que en varios países funcionó como tarjeta de presentación del grupo argentino.
Ese disco y varios de los siguientes —Dopadromo (*), Babasónica (1997) y Miami (1999) —, por supuesto que me engancharon, pero por momentos o por tracks. Siempre me costó digerir los contenidos en su totalidad. Creo que pocas veces escuché de principio a fin un álbum de Babasónicos, pocas veces hasta que Jessico dijo presente.
De soltar las riendas a merced de la experimentación, Adrián Dárgelos y compañía compraron boleto hacia otros rumbos. Por momentos se encaminaron hacia el refinamiento, al sendero de las canciones sin una nota de desperdicio, hacia la belleza pop que brota por montones en los doce temas. Y es que de elaborar canciones y sobre todo discos que marcaban un vaivén constante en su sonido, con Jessico llegó la obra que cuenta una especie de historia, la que representa un ciclo, un principio y un fin que es relatado, en su primer capítulo, por varios personajes envueltos en “Los calientes”, hasta llegar a la confesión de “Atomicum”, quien se previene ante la posible llegada del amor.
Pasado, presente y tal vez el futuro del sonido Babasónico, todo está en Jessico. Infame (2003), Anoche (2005) y Mucho (2008) también son paquetes con maravillas en su interior, pero las cinco estrellas o el 10 por el clavado perfecto es propiedad de Jessico: una joya que seduce y disloca, el disco latino clave de la década pasada.
Café Tacvba: Cuatro caminos
El álbum que marcó evoluciones sonora y lírica en la propuesta del cuarteto
La primera vez que vi en directo a Café Tacvba extrañé la batería. Fue en 1992, el año en que lanzaron su ópera prima. Si su show era explosivo con la caja de ritmos, imaginaba que con tambores y platillos aquello sería aún más energético. Pasaron los años y más discos, y la cosa seguía así, salvo por el Unplugged, donde invitaron a Iván Moreno como tamborilero. Daba por hecho que los Cafeta jamás sumarían un baterista a su formación.
Y tampoco me quejaba. Siempre me han encantado, pero no podía olvidar esa inquietud, de que grabaran baterías en un disco y después salieran de gira con un bataquero. Cuando mi ilusión se cumplió, no lo creía, y eso sucedió con la llegada de Cuatro caminos (2003), el sexto trabajo de estudio de los Tacubos.
Meme, responsable de teclados y demás posiciones en la banda, siempre admitió que el sonido de la batería lo atrapaba de manera especial, cuando escuchaba cualquier canción. Su gusto por los redobles, por la magia del contratiempo y el poder inigualable del bombo quedó plasmado en las catorce rolas del álbum, en las que efectivamente, como lo suponía, Café Tacvba suena a full. La única excepción es “Hola adiós”, corte que en su momento pareció una despedida, una partida que afortunadamente no ha ocurrido.
Las guitarras eléctricas, ya utilizadas en el pasado, también marcaron el entonces nuevo paso Tacubo. El rock era la brújula y la electricidad su aliada ideal. Eso por el lado sonoro. Por el lado lírico también hubo modificaciones. Cada uno puso de su cosecha y al final otorgaron letras llenas de sensatez, frases donde se descubren como individuos. Por donde se le vea, Cuatro caminos innovó y removió el interior de Café Tacvba.
El Columpio Asesino: La gallina
Los de Pamplona entregaron uno de los discos en español más valiosos de la temporada
Se veía venir. Y es que luego de publicar un debut epónimo en * y De mi sangre a tus cuchillas (*), ambos discos por demás recomendables, El Columpio Asesino iba por la grande y se notaba que lo iba a conseguir. Los hermanos Arizaleta —Álbaro y Raúl—, los que timonean el vuelo de El Columpio, mostraron gran talento al componer La gallina (2008), un álbum cocinado con el fuego entre melódico y oscuro del rock, y atinadamente sazonado con versos dulces, ácidos y amargos.
La gallina es de esos discos que de inmediato proyectan trascendencia. No hay que darle muchas vueltas para afirmar que se trata de una obra clave en la trayectoria de sus autores. Es un álbum que transmite personalidad, un perfil y una serie de rasgos absolutamente definidos, atributos que llegaron al grupo en el momento idóneo, en su tercer disco, justo cuando es obligación demostrar si la música se trata de un pasatiempo o de un oficio. “La marca en nuestra frente es la de Caín” es uno de varios ejemplos que avalan a El Columpio Asesino como una de las propuestas más vivas en el paisaje del rock latino.
“Como gelatina bailas para mi/ligera como pluma por la habitación/un cuervo negro anida en nuestro corazón/los hilos que nos mueven no los maneja Dios/hace tiempo que no eres niña…”. Maravilloso.
Jaime López/José Manuel Aguilera:
No más héroes por favor, el panteón ya se llenó. Tomas de laptop
El reencuentro de dos grandes a lo grande. Un segundo capítulo con aires de rock y blues
La historia discográfica de Jaime López y José Manuel Aguilera comenzó con Odio fonky. Tomas de buró (1994*), un álbum grabado con austeridad, pero compensado con la incuestionable creatividad de la dupla. Nació en el under mexicano, ahí mismo fue reconocido y después voló por los cielos de la popularidad, gracias a la “Chilanga banda”, el choro hecho canción, que años después, en 1996, elevó a Café Tacvba por los cielos.
Para ese entonces, la pareja de autores ya tenía su alianza en pausa. Nunca tocaron el disco en directo, y mucho menos lo promocionaron. En 2004* reaparecieron en el Vive Latino para conmemorar la publicación del disco y también con el ánimo de aventurarse por un segundo capítulo. Fue así como nació No más héroes por favor, el panteón ya se llenó. Tomas de laptop (2007), un álbum inclinado hacia los sonidos del rock marca Aguilera, más el blues y la gran prosa que firma López.
Con respecto a la sencillez exhibida en Odio funky…, No más héroes… gozó de mayores recursos. Varias de sus canciones fueron moldeadas por un grupo de instrumentistas —baterista, bajista y demás —, un equipo sonoro que cobijó a la medida las lúcidas composiciones del par. “La defunción continúa”, “Cabaret obsceno”, “Cruel carrusel”, “The rockin’ ghost of Elmore James”, “Adivina del diván”, “Para atravesarnos” y los siete restantes son clásicos instantáneos, de lo mejor que exhibió el aparador del rock mexicano en la primera década del siglo XXI.
Se antojaría que la unión entre López y Aguilera fuera constante, que lanzaran un disco por año. Sin embargo no es así, porque una alianza tan poderosa y entrañable, también funciona por separado, tal y como siempre lo demuestran. Enormes. Gran disco.
Andrés Calamaro: El salmón
Disco quíntuple. 103 canciones de un sopetón. ¿Gula? ¿Capricho? ¿Valentía? Todo un suceso
A contracorriente, como todo un salmón. Fue así como Andrés Calamaro emprendió su aventura discográfica más atrevida, un álbum quíntuple que se reparte entre momentos de notable lucidez, con otros que apenas y consiguen el título de demo. Hay rock y pop de alta costura, y también música de segunda mano, covers… Una buena dosis de caos. Un ying yang sonoro. Bipolaridad definitiva.
Para muchos bastaría con el disco uno, el que incluye “Output, input”, “Tuyo siempre”, “Días distintos”, “Gaviotas”, “Ok perdón”, “Crucificáme”, “Vigilante medio argentino” y el corte que titula esta enciclopedia de 103 apartados. Ahí, en ese primer volumen, es donde se muestra mayor coherencia y un trabajo elaborado en su contenido.
Del resto se valoran momentos como “El viejo” (al lado de Pappo), “Problemas”, “Querrámonos”, “Me cago en todo”, “Lo que no existe más”, “P.N.S.U.R.H.Q.S.U.R” (Recuerdo reloco), “Este es el final de mi carrera” y hasta relecturas como “The long and winding road” y “Cocaine”, cortes donde Calamaro no cayó en el capricho de revelar la intimidad más austera, la que sin tapujos exhibe en episodios con pinta de inconclusos como “Para los demás”, “Pálido reflejo”, “El camino entero” y “Expulsado del paraíso”.
Finalmente uno se queda con un paquete de 40 buenas canciones, una cantidad nada despreciable, un número que en su momento confirmó que el cantautor argentino continuaba con la inspiración afilada. El salmón fue todo un ejercicio de valentía, justo cuando a la industria del disco le detectaron su irreparable mal.
Desde México hasta Argentina, de Puerto Rico a España, Latin Alt está vivo y coleando!
Rubén Rodríguez Maciel
Café Tacvba
Si una banda latina demostró movimiento y transición en esta temporada, esa fue Café Tacvba. En el borde de la última década del noventa, con Revés/Yosoy (1999), los mexicanos ya habían dejado claro que lo suyo no sólo era folclor, que eran curiosos como compositores, y que tomaban de por aquí y por allá lo que como músicos les agradaba.
Esa alimentación sonora —altamente nutritiva— justamente la reafirmaron de 2000 para acá, el lapso en que el cuarteto ha asoleado su cara más rockera. Las acústicas, la jarana y hasta la caja de ritmos se quedaron guardadas, para mejor valerse de guitarras eléctricas y batería.
La sensatez y la conciliación, en todos los sentidos, han ingresado como puntos de referencia en su lírica, consolidando un camino importante que Cafeta ha transitado en su segunda década de vida. Se han olvidado de la tragedia.
Ahora prefieren la armonía. Ya no escriben frases de despecho como: “No vengas para pedirme que tengo compasión de ti, si vienes sólo a decirme que quieres estar lejos de mi”, porque su metamorfosis como seres humanos ahora los motiva a cantar: “No envidia a nadie, nunca ambiciona nada, no debe obediencia a ninguno”.
También, en los últimos diez años, continuaron a paso lento, pero muy seguro. Una producción de dos materiales inéditos —Cuatro caminos (2003) y Sino (2007) —, más la emisión de un ep —Vale callampa (2002) — y un DVD-CD en vivo —Un viaje (2005) — pareciera una cosecha breve, pero cada disco, en su momento, fue oportuno. No se recuerda alguna exigencia extrema de parte de su público, ni de la crítica, por tardarse en demasía a la hora de publicar. Todo lo contrario.
Los fans y especialistas en la materia siguen tributando reconocimiento a Rubén, Joselo, Quique y Meme, tal y como se confirma en las presentaciones en directo, territorio donde este grupo, por supuesto, se las sabe de todas, todas. Vida larga y larga vida la del Café Tacvba. ¡Salud por ellos!
¿Y quién dijo que lo suyo es el reggaetón? En su sonido y sus rimas hay un estilo incomparable
Todo comenzó con “Atrévete-te”, canción por demás pegajosa que se coló por igual en la radio grupera, que en las estaciones alternativas. Para algunos era un reggaeton del montón, mientras que otros opinaban que detrás había mucho más, que Calle 13 escondía más ases bajo la manga.
Los que pensaron lo último, atinaron. Al escuchar el debut epónimo del dueto portorriqueño, fechado en 2005, era evidente la búsqueda de otros horizontes, de otros cruces musicales. Si bien no lograban un sonido inédito, sí entregaban un estilo incomparable.
Y que decir de las rimas ágiles, ingeniosas, sociales, callejeras, sexuales y sobre todo directas de Residente (René Pérez), el responsable de componerlas y rapearlas. “Llegó la araña que el idioma daña, la Real Academia se la dejo a España, así que mala mía si me pongo perverso, pero es que tu me tienes escupiendo versos”.
Esas líneas pertenecen a “Tango del pecado”, corte incluido en Residente o visitante (2007), álbum donde Calle 13 reforzó su propuesta, sin lograr la brillantez que ya se aproximaba.
Las cinco estrellas llegaron con Los de atrás vienen conmigo (2008), un disco que de inmediato explotó con “No hay nadie como tú”, una bomba que sonó día y noche, y que contó con la colaboración de los cuatro tacubos. Por si fuera poco, “La Perla”, a dueto con Rubén Blades, y “Fiesta de locos” también tocaron las nubes de la popularidad.
Grammys, premios MTV, llenos totales donde se presenten, altas ventas… El siguiente disco pinta para ser el de su consagración y prometen su salida en 2010. Por lo pronto han anunciado que contarán con Cerati y Andrés Calamaro como invitados. Lo mejor es que habrá Calle 13 para rato. A esa inventiva con sentido, aún le queda mucha cuerda.
Los de Pamplona exhiben personalidad sonora en el denso hábitat del rock, además de una lírica entre dulce y siniestra.
España es el país que mejores cuentas le rindió al rock latino en la década que se despide. Para muestra, este grupo de Pamplona que lideran los hermanos Arizaleta, una banda que con tres discos ha exhibido personalidad sonora en el denso hábitat del rock y una poesía entre dulce y siniestra, elementos que fascinan tanto a los oídos curiosos, como a los trágicos.
Sus constantes acercamientos a Pixies y a Velvet Underground están plasmados en su disco debut y epónimo, lanzado en 2003. Después, naturalmente fueron separándose de sus padres musicales para emitir lo que El Columpio es capaz en su vaivén.
De mi sangre a tus cuchillas (2006) fue la boleta que situó a la agrupación en la clase de avanzados, donde se enlistan aquellos con propósitos particulares. La energía de “Floto”, una de sus creaciones de 10, es absolutamente impetuosa.
En 2008 nació La gallina, hasta ahora su obra más lograda. Es de esos discos que de inmediato se perfilan como la joya de un grupo, la que perdurará con el paso del tiempo. “El destacamento”, “La marca en nuestra frente es la de Caín”, “Yo soy tu hombre” y “Un arpón de grillos”: las claves de su joven y prometedor catálogo.
La Plastilina ha ido moldeándose a ritmo de pop, rock, house, hip-hop, disco, bossa… Jonás y Rosso, unos auténticos exploradores.
Su evolución es por demás palpable. De aquel hasta tierno “Mr. P Mosh”, Jonás y Rosso han saltado hacia la crudeza, hacia el camino de la melodía que se pega a fuerza de buenos guitarrazos.
El mapa del dueto regiomontano, primero indicó la exploración hacia los caminos de la electrónica juguetona, con ciertas aproximaciones a elementos “orgánicos”. Nada de sofisticaciones, ni de ambiciones. Mejor: una mezcolanza, y sin contemplaciones, de pop, bossa, rock, hip-hop, disco, house...
Todo con teclados al frente, secuencias básicas y letras en spanglish que se acercan al populacho. Así, y en términos muy generales, transcurrió la primera época de la Plastilina, que debido a su natural consistencia, luego iría moldeándose.
A la hora de grabar los discos, la dupla se ha echado a la espalda gran parte del trabajo, y eso, en años recientes les ha tomado más tiempo por el hecho de incorporar mayor instrumentación a sus composiciones. En algunos momentos, Rosso y Jonás se hacen cargo de bajo, guitarras, baterías, percusiones; y en otros son auxiliados por músicos invitados.
De cualquier manera, Plastilina Mosh ha avanzado, álbum tras álbum, por rutas distintas y eso significa búsqueda y también diversión. All you need is mosh (2008) es la mejor manera de disfrutarlos, aunque lo ideal será por siempre contemplarlos en directo.
El argentino se mantiene como músico notable. Ha logrado desmarcarse del enorme fantasma que significa Soda Stéreo
Y de las cosas imposibles, una es olvidarse de Cerati al realizar esta clase de conteos. Su presencia en el paisaje del rock latino sigue siendo notable, con todo y que revivió a Soda Stéreo en un momento que no se antojaba propicio.
Desde un principio, con Amor amarillo (1993) y cuando aún pertenecía a Soda, el argentino ha sabido desmarcarse del enorme fantasma que implica semejante banda. Ese logro lo consiguió de pies a cabeza con Bocanada (1999), para muchos la cumbre de sus creaciones.
Con Siempre es hoy (2002) mantuvo las velas arriba, impulsadas por el vertiginoso compás del rock y de un pop con agregados de electrónica. “Vivo”, “Artefacto”, “Amo dejarte así”, “Sudestada” y “Especie” son recordadas como las canciones indispensables de aquel material.
La racha discográfica continuó con Ahí vamos (2006), un trabajo con alto oleaje guitarrero, que cimbraba todavía con mayor fuerza a la hora de escucharlo en vivo.
Las intenciones de seguir en mutación condujeron a Cerati hacia senderos más reposados. Esa sensación apacible, pero intensa a la vez, quedó registrada en Fuerza natural (2009), material que todavía da de que hablar, al dividir las opiniones tanto de críticos, como de seguidores.
En fin. Lo real es que su interés por indagar es indiscutible. Cerati, a sus 50 años, sigue en el camino.