Jaime López llega por primera vez a Los Angeles!

“El rock es el folclor de los folclores. El rock es una cultura, un idioma en sí… en si, en do y en re”
Jaime López: “El rock es el folclor de los folclores”
Por: 
David Cortés
Foto: Archivo Jul 17, 2018

Jaime López sabe de trayectos y mudanzas. Habitante de la CDMX desde fines de los sesenta y por tanto chilango por adopción, el oriundo de Matamoros es uno más de los millones de inmigrantes que dan color a esta metropoli. Sus ganas de encarar la vida lo han llevado por muchos lugares, por eso resulta extraño que en sus correrías nunca haya visitado la ciudad de Los Angeles, un “error” al que le pondrá remedio con un recital, el viernes 20 de Julio, en solitario, como ha sido su costumbre en los últimos años.


Jaime Lopez en Los Angeles


“Recuerdo —dice— de un viaje que hicimos por carretera desde Matamoros y en el que visitamos San Francisco y algunas otras ciudades como Santa Cruz, pero era muy pequeño, tenía apenas dos años. Y sí, esta será la primera vez que tocaré en Los Angeles”.

Para quienes desconozcan la trayectoria de este cantautor que no solo desmenuza las palabras, sino que también juega con ellas y lo hace de manera soberbia, hay que recordarles que él es el autor de  “Chilanga Banda”, esa composición popularizada por Café Tacvba. Sin embargo, sus antecedentes discográficos inician y quedaron plasmados en un trabajo ahora fundamental: Sesiones con Emilia, obra firmada por Emilia Almazán, Roberto González y Jaime López.

Sin duda una mirada a una nueva forma de hacer canción en los años ochenta en México, un trabajo que preludia la avanzada rupestre y que llamaba la atención por nutrirse de diferentes fuentes sonoras, desde la nueva canción hasta el rock, algo que se manifestó como un aire fresco en momentos en que las propuestas juveniles eran pocas o estaban vedadas.

“La idea —cuenta— era recuperar canciones que habían nacido en el seno de otro grupo llamado Un Viejo Amor. En realidad mi idea era producir ese disco, mantenerme en un segundo plano. Darle prioridad a Emilia, a su voz, incluso Roberto estaría más al frente y yo quería permanecer en el fondo. Al final no resultó del todo asi, pero fue un trabajo importante”.



En 1985, el guitarrista y compositor lanzó otro disco considerado esencial: La primera calle de la soledad. Grabado con músicos más cercanos a la escena del jazz (Fernando Toussaint, Héctor Infanzón, Agustín Sánchez, entre otros), en su momento el trabajo fue incomprendido y solo el tiempo se encargó de situarlo en su verdadera dimensión. Sin embargo, el problema es que en la vida artística de Jaime López, no ha habido un productor que haya conseguido hacerle justicia a su música.

“Cuando hicimos el disco de Nueva York [en realidad su título es homónimo y lo editó BMG en 1989] Daniel Freideberg, el productor, me preguntó ‘¿Qué es lo que quieres hacer?’. Claro que siempre he hecho lo que me ha dado la gana, pero él ha sido el único productor con el que he trabajado que me ha hecho esa pregunta. Después he trabajado con diferentes productores y hay un momento en el que junto con José Manuel Aguilera logré que él sacara jugo a cuatro canales y se convirtiera en el productor. Luego, cuando grabé Mujer y ego (2011) sentí que había logrado uno de mis mejores trabajos, pero no hubo mucha atención, no la que yo esperaba”.


QUIEN?
Jaime López

DONDE?
Center for the Arts en Eagle Rock (aquí está el mapa)

CUANDO?
Viernes 20 de Julio, 2018
9:00pm

ENTRADAS:
Compra tus entradas llamando al 323 997 5825


Las composiciones más recientes de Jaime López se acercan al mínimo de recursos. Las ha trabajado con Alonso Arreola y se restringen únicamente a bajo y guitarra. Sin embargo, al momento de hacer una evaluación de su trayectoria discográfica, Jaime López, como muchos de los músicos mexianos que han grabado en sellos independientes, nos enfrentamos con el hecho de que gran parte de esos materiales se encuentran descatalogados y sin posibilidad de ser reeditados, bien porque los sellos que los editaron ya desaparecieron o aquellos que aún existen no están interesados en hacerlo.

“Hablando como producto, ningún  disco es mío, los que lo han producido son dueños de ellos, pero las canciones sí, eso me llevo;  con el paso del tiempo supe la existencia de cuestiones editoriales, pese a mí aprendí eso. Ahora pues los discos, lástima, vuelvo a la emoción de haberlos hecho.  Así como decía Rod Stewart, ‘Every picture tells a story’, cada disco es una historia y a veces la historia está escrita o no está escrita y aunque esté escrita desaparece.

Ese efecto de la vanidad ya lo estoy rebasando, no me importa, me quedo con la emoción, me quedo con las historias y además me quedo con las canciones que todavía puedo  sostener en un escenario y aquí viene un efecto muy importante que no es el de la nostalgia, para mí la nostalgia es un animal estéril, no sirve para nada, no se reproduce. El pasado es otra cosa, eso de hacer música es como estar haciéndolo viniendo del pasado, en el presente, para proyectarlo al futuro”.

Y prosigue: “Yo hago una selección de mis canciones más escénica que cronológica, depende de con quién vaya a tocar y como regularmente toco solo…siempre he dicho que antes que un compositor soy un DJ. Selecciono mis canciones como si fueran discos sencillos  y las voy programando con alevosía y ventaja. A veces voy variando sobre la marcha, pero te digo... depende de con quién toque es el repertorio a seguir, afortunadamente el haber hecho los discos me ha generado esa distensión de no depender de ellos en ese sentido. Hay gente que sí tiene que tocar las rolas tal como las grabaron, a mí no, afortunadamente el efecto jazz se me da, aunque haga rock (RISAS)”.



Dado el éxito que el Rock en tu idioma sinfónico ha tenido en años recientes, pregunto a López qué haría si Sabo Romo, el instigador del proyecto, le pidiera llevar “Chilanga Banda” a ese carro de la nostalgia.

“No, no, no, no (GRUÑE), mejor no hablo. Si incluyeran una canción mía sería ‘A la orilla de la carretera’, que es del acervo de Ariola hasta donde yo entiendo. Mira, hay una edad en la que ya todos somos contemporáneos, pero hay también terrenos de contemporaneidad y uno de ellos es la música.  El problema con el factor nostalgia es cuando a veces comienzas a ver generaciones por décadas, pero obviamente es segregacionista esa idea de pensar que cada década ha hecho la revolución y lo de atrás no existe, por ejemplo, esa fue una de mis decepciones en Avándaro.

Tengo emociones encontradas con el festival, desde luego la pasé bien, pero  yo creía que si era una imitación —al fin de cuentas somos el país del cover— de Woodstock, pues igual que Woodstock no solo iba a estar el ambiente del rock, sino del folk o del folclore. Yo pensaba que iba a estar Oscar  Chávez o Los Folkloristas, o Amparo Ochoa junto con el Pájaro Alberto y Love Army, que no estuvieron.

Hubo otros que no estaban incluidos, pero que fue agradable conocerlos como Stone Facade, pero yo creo que ese es un gran problema volviendo a la fragmentación del medioevo mexicano. Eso de que aquí huele a ghetto encerrado ha sido un gran conflicto para mí desde que llegué a esta ciudad, que para mí es una gran frontera y como yo nací en la frontera, lo que más ves allí es la confluencia de dos o más culturas, entonces aquí en la música a veces sí me agüitaba ver que los rockeros no querían ver nada con los cumbieros, los cumbieros no querían saber nada de los jazzistas, los jazzistas no querían saber nada de los sinfónicos y los sinfónicos no querían saber nada de nadie”.



En 1997, Jaime López editó Lírica, libro en donde, además de sus canciones recogió algunos poemas. Ahora, desde el sitio web ilusionespuertobagdad.com hace llegar una novela por entregas, pero siempre que se le menciona la posibilidad de que escriba o escriban su biografía es reacio a la propuesta: “Nunca he hecho un diario, aunque publiqué una cosa que se llama El diario de un López, pero eso era como un guiño para El diario de un loco que representó más de cinco mil veces o algo así el maestro Carlos Ancira, con el cual tuve la fortuna de trabajar cuando tenía veinte años; pero como nunca he escrito un diario, para mí las canciones son como las hojas dispersas de un diario.

Finalmente mi vida me gusta platicarla en corto, en borracheras, en alguna que otra entrevista como parte de una emoción que a alguien le interese, que la comparta. Al final de cuentas eso lo gozas platicando, a lo mejor  porque hay cosas que no hubo en mi tiempo. Cuando me preguntan porqué no estoy tan clavado con Internet, bueno, no estoy en contra, pero si eso me hubiera agarrado a los catorce años estaría feliz.

No me gusta contar lo que pudo haber sido y no fue, me gusta seguir contando lo que es. ’Ora si que ‘estas ruinas que ves, eso soy’. A final de cuentas lo bailado nadie me lo quita”.

Prosigue para cerrar: “El rock  proviene de varios folclores, por eso sigo insistiendo que es el folclor de los folclores, o sea la mezcla que tuvo en un determinado momento la bamba de Veracruz con la Bamba de Los Angeles, o sea el rock con el folclor mexicano, generó esa bamba; o la música Tex Mex, la música norteña con rock and roll, esas son fusiones. Y la fusión le es inherente a la música, donde no hay híbrido francamente no es música.

Para mí el rock, sobre todo el nacimiento del rock -porque afortunadamente me tocó nacer cuando nació el rock y tener hermanos que sí lo vivieron en su adolescencia-, son elementos muy cercanos que por casualidad me abrieron la cabeza y el cuerpo, y para mí la importancia del rock es que me hizo apreciar otras músicas y que las sigo considerando parte del rock: la música norteña, el bolero mismo, la música tropical y si te pones más exótico el flamenco, el huapango, músicas más oscuras digamos.

Para mí, lo importante del rock es que a partir de que nos fuimos haciendo una aldea global en el siglo XX, sobre todo los que nacimos a mediados de ese siglo, pues el folclor de esa aldea global es el rock, en el amplio sentido de la palabra. El rock es una cultura, un idioma en sí… en si, en do y en re”.



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