Astrolab-iO: un ensamble astral sonoro a dos manos

Entrevista con Alex Otaola y Javier Lara, creadores de la balada noise y el trash ambient
Astrolab-iO: un ensamble astral sonoro a dos manos
Por: 
Vicente Jáuregui @VicentJauregui
Foto: Archivo del artista. Sep 29, 2016

Generalmente, pensamos en la música como un ejercicio de composición en el que una serie de sonidos son ordenados de manera lógica y ordenada. El riesgo y el azar suelen ser elementos poco aludidos en los procesos de grabación y la experimentación es un recurso controlado.

En las antípodas de estas nociones, Astrolab-iO es un proyecto de electrónica experimental conformado por Alex Otaola (guitarrista en bandas como Santa Sabina, La Barranca, San Pascualito Rey, La Cuca) y Javier Lara, quienes tienen como premisa trazar un diálogo libre en el que las ideas preconcebidas no tienen cabida.

Sin ataduras, lo suyo es una “representación de la subjetividad sonora”, un ejercicio que en vivo, se construye en sesiones de improvisación y composición delineadas en tiempo real.

Con dicha apertura, resulta complicado describir a nivel estilístico este proyecto, que con cierto humor Otaola, clasifican bajo los neologismos de balada noise y trash ambient.

Entre loops, modulares, procesamiento de señales en tiempo real e improvisación libre, Astrolab-iO es un espacio lúdico para crear una paleta de sonidos irrepetibles, de manera que cada entrega es una sesión inédita que no puede replicarse en el futuro.

El próximo 13 de octubre, Alex y Javier presentarán en vivo su primer disco en el Centro Cultural de España a las 19:00 en la ciudad de México. Platicamos con ellos sobre el concepto detrás de este laboratorio de alcance cuadrafónico. 


Javier, me comentaba Alex sobre tu background como un diseñador de sonidos. ¿Nos puedes contar un poco sobre tu trabajo?

Javier Lara: Lo que hago es diseño de sonido (web, artes escénicas), síntesis, en ocasiones estoy enfocado al arte sonoro, instalaciones, siempre en la frontera con cuestiones más musicales, en las que siempre mantengo un carácter experimental, diseñar mis propios sonidos, soy anti-presets, siempre diseño desde cero, a partir de lo que necesita el proyecto y la situación en particular. En los últimos años me he enfocado en la síntesis modular, que permite -por hacer una analogía con la pintura-, hacer tu propia paleta de colores: llegas a una voz propia muy rápido, a partir de la que comienzas muy rápido a construir tu propio vocabulario.

Por otro lado me gusta la improvisación, con Astrolab-iO hay muchos “saltos sin red”, decidimos qué aparatos llevar y dependiendo de eso, es muy difícil que se repitan dos sesiones. En cada presentación, el resultado es prácticamente imposible de que sea el mismo; aunque tenemos ciertos lugares musicales en los que coincidimos, en general es un proceso muy aleatorio. En ese sentido, las sesiones son irrepetibles, son efímeras de alguna forma.

La analogía con la pintura aplica porque en Astrolab-iO es poner en suspenso todos los conocimientos de armonía y de teoría músical. Incluso, Alex, tú no estás tocando la guitarra acá, sino que te enfocas en manipular modulares y efectos.

Alex Otaola: La primera vez que tocamos juntos con Javier, yo tenía colgada la guitarra, pero en ese mismo ensayo, tuvo más sentido acostarla para usarla como un detonador de sonoridades. Se volvió más un ejercicio de diseño sonoro que de ejecución. En Astrolab-iO, no se se trata de ser virtuosos o de hacer ritmos, se trata de descubrir sonoridades.

JL: Paralelo a esa parte puramente estética, también hay de referencia inevitable al background de cada uno. Si bien no decimos “vamos a iniciar en Sol menor”, Alex me cacha una frase, sobre eso vamos desarrollando y viceversa. Hay partes que Alex denomina trash ambient en que el trabajo armónico es más sofisticado. De pronto hay una armonía dodecafónica, modulaciones. Nunca lo conversamos, pero hay partes donde cabe un desarrollo armónico más denso. Volviendo a la analogía con la pintura, empezamos siempre con un canvas en blanco: tiras un color, luego otro hasta que vamos amarrando algo.

¿A qué discos les remite lo que están haciendo ustedes ahora?

AO: A mí me remite mucho al Ummagumma y al primer Pink Floyd. En ese entonces, sin ser virtuosos, ellos se ponían a explorar y a tocar de oreja para ver que surgía en el momento. En mi caso, es la primera vez que puedo borrar y poner en blanco mis nociones de cómo se toca la guitarra para tocar de oído.

¿Es un ejercicio liberador este laboratorio sonoro?

AO: Es liberador porque siento que me convierto en un tipo de músico que no puedo ser en ningún otro de los proyectos en los que estoy. En las bandas que tengo, el placer puede surgir de las notas que logro meter en un solo de guitarra; acá es “el sonido que logré construir en tal momento”. Por otra parte, los solos se pueden reconstruir, acá no tengo idea de cómo podría reconstruir un sonido. En el disco hay momentos en que nos preguntamos “¿ese sonido lo estás haciendo tú o yo?”. Nadie lo sabe y nadie lo puede reconstruir.

Se borra el ego.

JL: Exacto, borras el individuo y se genera un sentido colectivo, prácticamente inconsciente. Estábamos en la mezcla del disco y le dije a Alex, “ese bajo está buenísimo, ¿cómo lo hiciste?” y me contesta, “No, tú lo hiciste” (risas).

¿Cómo surge el enfoque sonoro cuadrafónico en el proyecto?

JL: La naturaleza del proyecto desde el principio fue cuadrafónica, pero no el sentido de llegar con algo muy cabrón que ya sólo reproduces, sino en el sentido de ocupación del espacio. Es un ejercicio de prueba y error, es un diálogo entre nosotros pero que tiene que ver con cómo se desarrolla en función del espacio.

Hay un sentido performático en sus presentaciones.

AO: Claro, si alguien en el público ve a Javier que saca el cable de un modular y lo conecta en otro lado, escuchas en tiempo real el sonido que se genera. Es muy distinto a ver a alguien parado con una compu aventando secuencias, mientras podría estar chateando con su mamá y ni te enteras.

¿Qué tan importante fue sustituir los sintetizadores por equipos modulares?

JL: Yo toco cada vez menos el teclado en Astrolab-iO, porque me parece que el modular es un recurso sub utilizado. Poner una inertaz a un teclado ya es  limitarse a 12 notas, pero cuando te aproximas al modular desde cero, tiras un oscilador, lo filtras, le construyes su envolvente, lo desafinas unas milésimas, abres otro oscilador para crear una disonancia que te permita jugar. Poco a poco, te metes en un ejercicio de diseño sonoro, abandonas el convencionalismo de un instrumento, y forzosamente llegas a un resultado distinto.

Es importante apropiarse de la herramienta, pero para que deje de ser herramienta, que sea una extensión tuya, con los sintes es muy fácil que mueves un par de cosas, tienes un resultado que crees que tú conseguiste, pero en realidad no fue así. El campo de apropiación del instrumento es muy amplio, para crear recursos propios y herramientas que te permitan llegar a lo que te estás imaginando.


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